El Lotus 49 es quizás el Fórmula 1 considerado más influyente de la historia de la categoría reina. Debutó en el Gran Premio de Holandade 1967, estrenando el motor Cosworth. De forma inmediata, el nuevo Lotus obtuvo la pole position y Jim Clark ganó en el debut. Colin Chapman lo hizo de nuevo, aunque en esa primera temporada no consiguió llevarse el título a causa de una no muy buena fiabilidad, cosa que solía caracterizar a estos coches británicos.

A diferencia de los coches contemporáneos, el motor que equipaba el Lotus era parte estructural del coche, que contaba con el motor como parte integral del mismo. El propulsor sería una de las partes en aguantar y repartir el peso del vehículo, atado por un lado al monocasco con la caja de cambios en la parte trasera. Desde entonces, virtualmente todos los monoplazas de Fórmula 1 han seguido el mismo diseño, en este sentido. La temporada de 1967 no pudo ganarla Lotus, pero la de 1968, en la que Lotus pudo trabajar en mejorar el 49, dió otros resultados.

Jim Clark podría haber sido campeón, pero el accidente de Hockenheim en una carrera de Fórmula 2 nos arrebató al escocés volador, con lo que el título acabó siendo para Graham Hill. La temporada de 1969 sería para Jackie Stewart y su Matra, pero en 1970 aún se usó en algunas carreras y ganó en Mónaco. La tragedia y el triunfo volvieron a aliarse con Lotus. El título fué para Jochen Rindt, pero no pudo celebrarlo, pues perdió la vida en los entrenamientos clasificatorios del Gran Premio de Italia. El Lotus 49 quedó como un icono.